26 agosto 2009

Al alba del fin

Con él
-pecho abierto-
quiero desayunar
el fin del mundo:
Con aquel cuarteto
-tostadas y huevos-
jinetes hambrientos
devorar la vida:
En el último fuego
-café mediante-
saborear sin pena
el último tocino.

19 agosto 2009

Última caída del hombre americano

Amigos míos:

¡Cantad los fuegos encabalgados! En el viento hay una sátira sagrada queriendo brotar por la sangre del pueblo judío, por los hijos del mar muerto. No esperará arrepentidos en la hora de la muerte, ni blancos defensores de la libertad.

Alzad las manos al ángel rocío con la atención del borrego sucio y los brazos de un puñal frágil. Desde el oeste grita el tifón que nunca más será esclavo. Desde el este se derrumba el susurro pálido de la creación. Desde el norte azotará el hielo. El norte se refugiará al sur. El sur lo recibirá con sangre.

¡Quemad el tiempo profano! Por el olor del vino se cae el cuerpo: el cuerpo caído no lo levantará el vino cuando arrecie el hambre, la sed y los niños. Las joyas no pagarán las deudas del impío, el dinero no dilatará el fin del desalmado.

¡Cantad los fuegos del alto cielo! Descenderán como ira en los gobernantes, sobre los reyes de la tierra. Los que canten tan pobres como puedan, tomarán la tierra como herencia, la cultivarán para saciar las venas de tanto antepasado muerto. Aquel que muera, que no viva para la vida eterna; aquel que viva, que viva para la vida eterna hasta que muera, amigos míos.

17 julio 2009

Beethoven

El otro día salí a pasear con Beethoven.
Me hice acompañar por uno de sus tantos cuartetos de cuerda.
Apenas comenzó el violin dejé de escucharlo.
Apenas entró la viola escuché una voz.
Apenas el violonchelo y yo supe que no estaba loco:
Beethoven aprendió a hablar otro lenguaje.
No recuerdo haber comprendido tan bien una pieza de música en mi vida.
Quise llorar, ojala solo y oscuras.
¿Qué importancia tiene la voz de un muerto?
Quise acompañar un rato al sordo.
Hundirme en la tierra hasta tocarle las manos.

Desde ese día que ya no escucho muchos instrumentos en las composiciones de Beethoven: eso me conmueve profundamente. No lloro, claro, pero es difícil no emocionarse cuando te conectas con alguien que ya está muerto. ¿Qué tan sordo estaba él cuando yo tomé el bus rumbo a la casa de Tamara? ¡No susurró quiero estar solo! ¡Gritó quiero estar vivo!

Ahora quisiera ser sordo, y hablar otro lenguaje.