28 mayo 2009

Poema

Te das comienzo en mis manos.

Te reconozco
avanzando por todo mi aliento
hasta que sales al mundo como la madre de mis hijos.
Eres frágil, llana, luz sobre el sinrazón.
Te deseo así, bordeándome la piel, huyéndola.
Entonces decido:
Intentaré poseerte,
tomarte por el centro del pecho y recorrer tus bosques,
recién fecundos en mi boca.

Te retiras apenas juzgas mis ojos:
vaho al sol; me dejas tan sólo el halo.
Me quiebro.
Lloro porque la vida gira, y te me haces línea recta.

Así te presentas: esquiva, indomable.

Te ignoro con la distancia del que ama sin entender.

19 mayo 2009

Lo que la sangre

Mi fuga es a tus manos
Lo que la sangre a Dios:

Mi fuga es a tus manos,
lo que la sangre a dios.

13 mayo 2009

*

Principalmente me duelen los dedos:

Te han explorado, tantas veces
han salido al mar cabizbajos,
ensogados, nauseabundos,
y hoy,
como siempre,
te has venido a la orilla cuando yo menos lo esperaba.

Tuvieron que dar la vuelta,
tan firme el remo,
el puño;
apenas vio el muelle
se quebró la sal en las llagas,
y te quisimos para la muerte.

Hasta el frío tempranero te escupimos el odio.
Luego salimos a buscarte.

05 mayo 2009

giraba yo

Giraba yo sin poder parar. Kinder y patio de tierra. No, no te vayas, quédate un rato. Yo sé que hay ruido y que la sala dificulta la concentración, pero escúchame un poquito. Giraba yo sin poder parar. Kinder, sol y patio de tierra. Debió ser un recreo, por que otros minúsculos niños se huracanaban en torno a mí. Creo que empecé a girar jugando a marearme, a ver cuanto podía aguantar antes del vómito. No, no, espérate. Yo sé que no te interesa, pero se pone bueno, en serio.

Kinder sol y un mundo quieto

Niños girando huracanados

El deseo de quietud lejos de mi giro

Recuerdo que recordé lo que no podía recordar. Es mi recuerdo más antiguo, y recuerdo que lo recordé. ¿Te dije que giraba sin parar? Seguramente, el giro motivó una unión cerebral, quien sabe si sináptica, que me trajo de vuelta un recuerdo ido, perdido en algún lugar sellado.

Mi primer recuerdo giratorio.

¿Te acuerdas de Denver, el dinosaurio animado de color verde que usaba gafas oscuras? ¿El que vivía en una cochera gringa y tenía un amigo de lentes gruesos y un gorro del Chavo?

Espera, espera, no importa que no te acuerdes. Lo importante es que me escuches, nada más. Yo sé que vienes al taller por otras cosas, pero escúchame.

Mientras giraba yo, un niño de Kinder jugando a girar en un recreo, recordé mi primer recuerdo por no poder para de girar. Recuerdo que mientras giraba, recordé que jugaba yo a ser Denver, escondido entre las sábanas blancas de mi madre. Nunca fui al jardín pensaba yo mientras giraba y aún así sé contar. Como nunca fui al jardín, jugaba con espectros a los cuatro años. Cuatro años, tres meses, dos días, una hora para ser exactos. Por que recordé que sabía contar mientras giraba.

Era kinder y levantaba polvo con mi giro. Recordé girando que jugaba yo a ser Denver escondido en la cochera gringa, tratando de escribir un mensaje para mi amigo de lentes y gorro del Chavo.

-Apúrate Denver- recuerdo que recordaba mientras giraba recordando que jugaba a ser Denver.

Pensé girando, ¿cómo es que el amigo de lentes me pedía escribir siendo yo un dinosaurio y al mismo tiempo un niño de cuatro años que claramente no sabe escribir?

Posiblemente, mi imaginación nunca supo eso y por ende el amigo tampoco.

Por favor, no te vayas, niño del taller, te prometo un final feliz. No me gusta hablar solo.

Imagínate que todo esto pensaba yo mientras giraba. O sea, giraba, pensaba, escribía unos garabatos que intentaban ser letras mientras yo no podía detenerme. Recuerdo que giré y recordé que corrí a preguntarle a mi madre –siendo Denver- que cómo se escribía “tráeme un emparedado con mantequilla de maní, amigo de lentes”, pero ella, astróloga de la gastronomía, intentaba determinar la alineación astral exacta entre el pan y el huevo revuelto que preparaba, así que me despachó con un “después te digo”.

Tuve que escribir las letras yo mismo, recordé mientras giraba en el patio del Kinder. Esas letras, las estás leyendo tú, hombre del futuro, que yo escribí Siendo Denver, un dinosaurio con hambre.

Como te prometí un buen final, yo, nunca deje de girar.

01 mayo 2009

¿Estas alas heridas quiero?

¿Estas alas heridas quiero?

Sí.
Quiero volar aunque sea
sobre la muerte y sus dominios,
quiero saltar sus edificios,
y mi cuerpo al suelo
bajo la sombra de mi último batir.

Sí.
¡Dame esas alas, Primer Caído!
Sabré evitar la ira de mi Dios,
la miseria del hombre
posado en tu lago,
esperando el milagro incierto.

Sí.
Estas alas quiero, heridas.